Burguesía: es palabra que muchos miran con recelo, sobre todo aquellos

La burguesía y sus múltiples formas

que se creen la lección aprendida de lo que es un burgués y la repiten con rabias encendidas sin saber bien de qué están hablando.

            En esta entrega, trataremos de aclarar esta palabra que desde hace tiempo está en boca de tantos que quieren cambiar las cosas, honestamente o no, y que no está demás que entiendan mejor su contenido. La palabra burgués ha sido empleada tantas veces en diferentes contextos, ora elogiosos, ora peyorativos y hasta deprecativos, que vale la pena revisar este concepto de burgués, y la clase social que define: la burguesía.

Las definiciones que aquí se recogen provienen de diversas fuentes de las cuales hacemos una síntesis.

 LA DEFINICIÓN DE LIBRO:

Empecemos por decir que la burguesía es una clase social. Una que tiende a asimilarse con la clase media aunque no es así exactamente. La clase media aloja a profesionales, obreros bien pagados, pequeños propietarios, rentistas, comerciantes, incluso pensionistas que gozan de un nivel económico intermedio, limitado por lo bajo por los pobres y por arriba por los ricos.

En cambio, la burguesía, si hablamos de su nivel económico, puede ser aún más amplia, incluyendo en sus filas a aquellos que no trabajan para terceros sino para sí mismos con elementos que son de su propiedad. Los autónomos son, de acuerdo con esto, la quintaesencia del burgués.

Como quiera que sea, la burguesía constituye una clase social lo que nos conduce a considerar brevemente qué es esto de clase social. Otro concepto que creemos saber qué es, pero que no.

Las sociedades humanas, desde los comienzos, se han ido organizando en capas, estratos, o clases. Los determinantes para que esto haya sido así son tres:

Lo económico: riqueza

Lo político: poder

Lo social: prestigio, influencia sobre los demás.

Es la definición de Max Weber de las tres dimensiones de las que depende cada estrato social. Nótese que el nivel de cultura no aparece por ninguna parte. Esto significa que todas las clases sociales pueden ser cultas, amantes del arte, crear arte y ciencia, como que también pueden ignorar quien era Beethoven, y seguir siendo clase pobre, media o rica. Claro que los de clase media y rica han tenido más oportunidad que los pobres de contemplar las obras de Leonardo Da Vinci, pero no quita que una buena mayoría de pintores, literatos, filósofos y músicos excepcionales hayan vivido y muerto pobres como ratas.

 El mismo Weber reconoce que es la riqueza la dominante de las tres. De hecho, con frecuencia el poder político se pliega a lo que el poder económico dicta. Como sucede ahora mismo en casi todas partes. Los gobiernos que le dan la espalda a este hecho fundamental, por desagradable que parezca, lo están haciendo bastante mal en cuanto a llevar bienestar duradero a sus pueblos.

Mirémoslo desde este otro ángulo: Cuando no era así, y el determinante del poder fluctuaba entre lo político y la influencia sobre los demás, lo que se tenía era el feudalismo: un señor, por lo general noble, aunque sus versiones modernas no lo contemplan (puede ser un militar, por ejemplo), domina sobre el resto porque su dominio extra-económico es social y jurídico. Es un perfil muy común entre los déspotas no solo medievales sino modernos, aunque hay de entre ellos quienes no dejan de utilizar el dinero como arma de poder político.

Desde el punto de vista de Carl Marx, las cosas se definen de otra manera: las clases sociales se entienden mejor como el resultado de las relaciones que guardan entre sí ante los medios de producción de bienes y servicios que la sociedad necesita para funcionar. Es un poco difícil de concretar esta definición en su aplicación política real pero es lo que este hombre pensaba. Agregaba además que de este funcionamiento, que a su vez es consecuencia de las relaciones entre esos estratos sociales, es que se va creando la historia humana.

Marx señalaba que era el capitalismo el que reconocía la existencia de dos clases sociales necesariamente en pugna: el proletariado que comprende los obreros fabriles (el campesinado es aparte), por un lado, y por el otro los capitalistas a los que asocia a los burgueses. Estos son los que su posesión de los medios de producción los ubica en una posición tal que podrán acrecentar su riqueza sobre la base de la compra del trabajo físico o intelectual de la clase proletaria que trabajará para ellos. Aquí hay convergencia con lo dicho antes, pero la diferencia está en la apreciación de que el burgués necesariamente explota el trabajo del proletario para su propio provecho. Le falto decir que la explotación también puede ocurrir entre burgueses a través de la competencia feroz entre empresas que producen el mismo bien o servicio.

 Marx y sus seguidores encuentran en esto una atrocidad que debe corregirse con la fuerza de esa la lucha de clases, que históricamente ha resultado violenta de parte y parte.

Aclarado esto de las clases sociales, pasemos ahora a lo que establece la definición de libro prometida:

A la burguesía se le conoce formalmente como aquella clase social que posee sus propios medios de producción de bienes y servicios.

Esto es: la burguesía es la clase propietaria de todos los elementos dentro de una empresa para que ésta funcione. Para entenderlo mejor, exploremos de qué se diferencia la burguesía:

La burguesía se distingue de la aristocracia en cuanto a que no posee títulos nobiliarios. El burgués puede nacer dentro de una familia burguesa y heredar los bienes de su familia, como también perderlos y ser expulsado de la condición de burgués, al contrario del noble que conserva sus títulos por sobre cualquier circunstancia, destierro, pobreza, despojo. El Príncipe Mishkin de El Idiota de Dostoievski es un bonito ejemplo de muchos.

En el otro extremo, la burguesía se de la clase obrera, en cuanto que ésta trabaja para terceros por un salario. Es decir, que un empresario compra su trabajo a cambio de ese salario, mientras se supone que el gobierno interviene para asegurar el bienestar del asalariado y protegerlo del abuso, si es que ocurre, de quien lo emplea.

De acuerdo a esta definición de libro, veamos ahora sus límites a ver si funciona o no:

Ejemplo: Un carpintero que es propietario de las herramientas de su taller, su martillo, su sierra etc,  y trabaja con ellas para hacer muebles es un burgués, de acuerdo con esta definición. Podrá ser rico o pobre, hábil o torpe, eso no tiene importancia pues en ambos casos continuaría siendo un burgués en toda regla. Es asunto a tomar en cuenta por los revolucionarios que se concentran en destruir a la burguesía como primer paso para las transformaciones que se proponen, si no refinan el término como haremos más abajo. Puede ser que por el camino estas revoluciones acaben con la base productiva que mantiene a las clases pobres a flote. Ha sucedido.

Contraejemplo: un médico adinerado que trabaja en una clínica en la que lo único que pose es el estetoscopio, por más rico que sea como fruto de su profesión, no es un burgués, pues son otros los que tienen la propiedad de la clínica, del consultorio y los aparatos que utiliza para examinar a sus pacientes. El galeno debe pagar puntualmente el alquiler de esos elementos de su trabajo, desde el consultorio para arriba. Puede ser que este médico viva como un burgués, en un barrio alto, una casa con altas prestaciones, un automóvil que es la envidia de sus enfermeras. Pero vivir como un burgués no lo hace burgués. Es simplemente un tío rico.

Puede decirse lo mismo de otro individuo que ha hecho fortuna comprando y vendiendo títulos en la bolsa de Nueva York, que es algo parecido a ganarse el gordo de Navidad. Será rico, pero no burgués.

Vale decir entonces que la condición de burgués no va necesariamente asociada a la riqueza, aunque modernamente confundamos ésta con la burguesía.

Pero es entonces en la definición de burguesía no deja de ser incómoda pues los contraejemplos impiden su aplicación real.

Preguntémonos qué características acompañan al burgués funcional:

1)      Tener bienes de fortuna, nada de ser burgués pobre.

2)      No solo poseer estos bienes, sino luchar por conservarlos con todas sus fuerzas, al punto que modelan su actitud ante la vida.

3)      Un verdadero burgués siempre teme perder lo que tiene

4)      Aunque lo que sigue es muy relativo, es frecuente que la ostentación de lo que se posee vaya asociada a la burguesía. Es parte de la respuesta de defensa para no perder lo que se tiene. De allí que el término burgués también se toma por pretencioso. Se les acusa de mostrar la “afectación defensiva de su ser superior a la vida” (Donald Kuspit, Signos de psique en el arte moderno y postmoderno.

5)      Tal vez apremiado por esa necesidad, las familias burguesas buscan educar lo mejor posible y en las mejores instituciones a sus hijos, lo que la convierte en una clase educada y en cierta proporción, refinada. Es entre la burguesía donde se encuentra mayor proporción de individuos con estudios superiores. Es un norte común entre los burgueses hacer que sus hijos tengan mayor nivel de estudios que sus padres. En ello va el prestigio familiar, la defensa de lo que se tiene. Es principio básico que acompaña a las familias burguesas desde el S XVII en España, Francia e Inglaterra, por citar unos pocos ejemplos.

"Madame... ¿tiene Ud. alguien en el frente?-- !Oh, sí, mi chofer!

Estas características no dejan de tener reflejos desagradables para algunos, que lógicamente enervan los ánimos de los desposeídos. De allí que una de las acepciones que da el DRAE sea ésta: vulgar, mediocre, carente de afanes espirituales o elevados. Un dechado de agravios. Los pobres no tardan hacer leña de esta interpretación, y no pierden tiempo en culpar el origen de su pobreza a la riqueza burguesa, aunque esto no sea del todo cierto sino una gran simpleza. Por la misma vía, perciben en el burgués un monstruo de egoísmo, incapaz de compartir sus riquezas.  Pero las masas obedecen ciegamente al primero que se presenta con un discurso encendido que les cuenta lo que ellos quieren escuchar y la burguesía cuenta entre sus filas unos cuantos que hacen de ejemplo para atizar este discurso. Sucede todos los días en todas las revoluciones.

Como quiera que la naturaleza humana es en extremo variable y diversa, existirán muchos casos de burgueses que, siendo adinerados, no son ostentosos, o que sus bienes de capital no sean deslumbrantes y no tenga necesidad alguna de exhibir lo que tienen. De igual manera, los habrá generosos, solidarios y conscientes de las necesidades sociales de sus trabajadores a quienes prestarán servicios más allá de sus necesidades salariales básicas. Abundan los ejemplos de empresas que otorgan a sus trabajadores amplios beneficios sociales como escuela, guardería, bonificaciones, becas universitarias y formación profesional continua a los que el Estado no los obliga.

No es sólo por conciencia social que estos empresarios burgueses hacen estas cosas, sino porque los trabajadores se sienten más a gusto en la empresa que en otra en la que se les maltrata o explota. A la postre esta actitud en positivo rinde cuantiosos beneficios en productividad y sostenibilidad, aún en tiempos difíciles. Hay mucho empresario cicatero que debería entender este principio.

Burguesía es pues, un término bastante delicado de utilizar, y como siempre pasa con las clasificaciones que se aplican a la sociedad, no es posible meter en el mismo saco a todos los considerados burgueses con características comparables. Luego de estas consideraciones, llegamos a una definición algo matizada:

Burguesía se refiere a una clase social de nivel medio-alto, por lo general educada, acomodada y hasta opulenta, que es propietaria de sus medios de producción, y que emplea por lo habitual a trabajadores y/o profesionales a cambio de salarios para desempeñar funciones de valor agregado que mantengan o amplíen su riqueza.

Tal vez sea Sandor Marai, el escritor húngaro en su novela “La mujer Justa”, el que ponga el dedo sobe la tecla adecuada en boca de Judith, una proletaria en toda regla que trabajaba en casa de unos burgueses, cuando le hace decir: 

- Burgueses… es decir, personas que no deben nada a nadie por debajo de ellas y no dependen de nadie por encima de ellas.

Bien mirado, es una definición harto incómoda para aquellos políticos con inclinaciones autocráticas. Tener una clase numerosa tan independiente, tan poco dócil al poder hegemónico que busca el dictador, sobre todo si es de izquierdas, desde su pedestal político-jurídico, le resta autoridad y puede incluso ser una verdadera amenaza que ha acabado combatiéndola y destruyendo la base productiva de su país. Ha sucedido.

¿DE DONDE VIENE ESTO DE BURGUESÍA?

Es muy antiguo, al parecer proviene de la Francia medieval: Burgeoisie (Burgyuazi) en francés. Burguesía: gente del burgo, de la ciudad, habitantes de la urbe que realizaba formas más o menos primitivas de canje comercial, es decir comerciantes y artesanos u operarios como herreros, laneros, carpinteros, hojalateros, ceramistas, pañeros, graniteros y demás. Estos eran los antiguos burgueses, ralea mayormente pobre como casi todos en ese tiempo, que de todas maneras se las apañaban por la fuerza de su trabajo independiente. Trabajaban para sí mismos, atendiendo a todos sus gastos con lo percibido de sus ventas y embolsándose lo necesario para vivir. Constituyeron así, sin quererlo, la primera forma moderna del previo de venta al público o PVP con el balance de sus costes/beneficios.

Por debajo de estos primeros burgueses estaban los obreros, labriegos, arrieros, y sirvientes de los nobles, más empleados y aprendices de esos artesanos que dijimos.

Con el tiempo, algunos de estos burgueses amasaron grandes fortunas en la medida que sus negocios se fueron ampliando a otras comarcas y países, alejándose cada vez más del trabajo con sus herramientas y delegándolo en otros, sus empleados, a quienes pagaban su labor, mientras ellos acumulaban el capital y lo disfrutaban con crecientes manifestaciones de opulencia.

Esta riqueza inclinó la balanza del poder hacia lo económico, en la clasificación de Weber. Alejó así a la burguesía de la férula de la aristocracia que mantenía su hegemonía social sobre la plebe y la servidumbre. Es así que los burgueses originarios se hicieron más o menos independientes del poder nobiliario, formando un nuevo estrato definido por una mezcla de componentes de sometimiento y de posesión de riqueza.

En otras palabras, la burguesía acabó siendo, hacia el S XV y en lo sucesivo, una forma de escape de los ciudadanos contra el imperio dictatorial de la nobleza.

No era la única manera de escapar para los siervos: hacerse monje al someterse al fuero eclesiástico, hacerse oficial de profesión de los ejércitos reales, protegiéndose en fuero militar, o huir del reino hacia los territorios en tren de conquista, como Africa para Portugal o América para España y luego para Inglaterra y otras potencias, a fin de hacerse con la mayor cantidad de metales valiosos, perlas, piedras preciosas o tierras que explotar para hacer fortuna. Con ella regresarían a sus reinos europeos como potentados, nuevos burgueses que abandonaban su condición de antigua servidumbre, y emprendían sus propios negocios.

Es así que los primeros decenios de la conquista de América están signados por formas extremas y salvajes de codicia: gente aventurera y sobre todo paupérrima que buscaban escapar de su condición de pobres terminales en la metrópoli para entrar en el estrato de la burguesía en cuanto a la posesión de capital, para ponerlo después a su servicio de manera perdurable.

Una de ellas: el comercio y el préstamo usurario. Comenzaba así a deformarse el primer concepto de burguesía medieval y renacentista. Era una de las fórmulas de rentismo tan deseadas por el hidalgo español, como también buscadas por muchos otroste, de mucho éxito en Inglaterra sobre la base de sus plantaciones de azúcar en Jamaica y Barbados. Grandes mansiones señoriales y bibliotecas en los campos de Essex se construyeron sobre estas fortunas. Fortunas que generarían un intenso mercado para nuevos productos lujosos de cristalería, porcelanas chinas, objetos de plata, telas y demás que a su vez crearían nubes de comerciantes y proveedores en Holanda, Alemania y Francia (España se quedó fuera de esto por desgracia) que constituyeron una fuerte clase burguesa en los siglos XVI al XVIII.

Otros dieron saltos formidables desde su condición de pobres. Es por este camino que tenemos a Francisco Pizarro, que atendía cerdos en su Extremadura (España) natal antes de irse a América,  convertido en Marqués del Perú tras la conquista del imperio incaico, y uno de los hombres más ricos de su tiempo. Este hombre experimentó el tránsito de la servidumbre a la nobleza de enorme poder económico, sin tocar ni someramente la condición de burgués. No le dieron tiempo.

BURGUESIA EN LA MODERNIDAD

La historia humana está repleta de luchas entre facciones de muy diverso pelaje para erigirse como el poder dominante. Es el rasgo de mayor relieve entre nosotros. Algo muy parecido al de las comunidades de primates y su “macho dominante”, solo que en el caso humano puede ser un grupo, una facción, un pueblo entero (atenienses, espartanos), o en franca regresión a nuestra condición de monos erectos, un solo individuo, un déspota que maneja todos los hilos. Sucede.

El poder económico no siempre estuvo ligado al poder político, pero en cuanto pudo hacerlo, encontró su camino rápidamente hacia el poder, de modo de prevalecer como fuerza dominante. Es lo que sucedió con la burguesía, sólo que le tomó varios siglos lograrlo.

El punto de quiebre, con antecedentes en la Inglaterra del S XVII, ocurrió a partir de 1789 y la pérdida paulatina del poder que ejercía hasta entonces la nobleza y desde la reformulación de Europa en reinos e imperios en la alta Edad Media. Cortarle la cabeza a Luis XVI en París, y luego a María Antonieta, su poderosa reina, fue el acto más significativo, aunque no definitivo, de este cambio de poderes.

¿Quiénes a la postre adquirirían ese poder político que vaciaba la muerte de los soberanos? La respuesta a grandes rasgos es el poder económico a la cabeza de los cuales se encontraba la alta burguesía, a falta de la nobleza que había perdido la cabeza. Esto, tras pasar por los grandes desarreglos de la transición entre monarquía y otras formas modernas de gobierno, encabezadas por Bonaparte y su era de 15 años, las repúblicas de norte y sur América, y algunas rupturas de orden drástico como la revolución bolchevique de 1917 que llevaron a otras fórmulas de poder, también absoluto.

Este poder económico, el de los burgueses, quieras que no, dio origen a las democracias modernas de hoy día. Esta burguesía se alojó en los partidos liberales que proliferaron por toda Europa y buena parte de las colonias americanas tras su independencia. El término “liberal” es tema enjundioso en el cual no ahondaremos en aras de la brevedad. Pero lo que sí nos debe quedar es que está muy asociado a la representación política formal de la alta burguesía.

Lo que aquí ha de importarnos es que el poder económico encontró la manera de hacerse con el poder político en la esfera de los países democráticos, con algunas concesiones a los grupos socialdemócratas como los diversos partidos socialistas europeos que practican formas bastante burguesas de política social, por más que les pese la pegatina de burgueses. Lo son, recortan beneficios sociales para ampliar los poderes empresariales y del capital representado en los bancos. Obedecen a fuerzas muy superiores a las que dictan sus ideologías socialistas, cuya aplicación según el libro serían catastróficas en la tesitura presente. Es doloroso admitirlo.

Del mismo modo, esa burguesía también se ha visto identificada en formas conservadoras de ver la sociedad, profundamente enraizadas en la moral eclesiástica y a veces manchada por el poder absoluto que, según algunos, se hizo necesario para contener el traspaso del poder político a ese tercer grupo, numeroso pero descohesionado, que es la masa trabajadora, la obrera, la que no ha conocido la riqueza en ningún momento, en una palabra: el proletariado. Es el caso de Francisco Franco desde Julio de 1936, y la de muchos dictadores latinoamericanos de mediados del S XX. 

Aquí es preciso incluir casos peculiares como el de Benito Mussolini, que intentó descabalar a la burguesía italiana a lo largo de los años 20 y 30 desde la plataforma socialista modificada que llamó el fascismo. Para luego pactar con ella y crear una nueva burguesía, visto que no podía gobernar sin vastas reservas de capital para crear su imperio mediterráneo.

Del mismo modo, en Alemania de 1932, el nacional socialismo, repárese en las dos palabras, de Adolfo Hitler, tuvo entre sus más altas prioridades, destruir la burguesía judía desde la plataforma socialista, no solo de Alemania sino de todo país en que sus tropas pusieron los pies.

A la pregunta de qué pasó con los abultados bienes de esta burguesía judía expoliada, cuestión que los historiadores todavía sostienen en el aire, puede especularse que el gobierno nazi se apoderó de ella para costear sus vastos programas de infraestructuras como autopistas, líneas eléctricas, polos industriales, puertos y aeropuertos que tanto asombro causaron en el mundo entero, y desde luego el costoso armamentismo entre 1933 y 1945.

En términos bastante menos metódicos, rayando el caos, la España republicana desde la abdicación de Alfonso XII en Abril de 1931, y la toma del poder de los socialistas, con sus formas aisladas de poder anarquista, o anarco-sindicalista y sectorialmente soviética, buscaron formas de deponer el poder tradicional de la burguesía que se apoyaba sobre una nobleza decadente desde los desastres políticos y militares de la segunda mitad del S XIX.

Estos tres gobiernos, Mussolini, Hitler y la república española (1931-1939) fueron tal vez los más drásticos en sus intentos por desarbolar el poder tradicional de los partidos liberales burgueses europeos. Pero éstos volvieron, pasada la II Guerra Mundial al poder, sabiendo que la reconstrucción de Europa necesitaba del capital, capacidad de gestión y educación que ellos poseían como ningún otro poder social.

Desde entonces la hemos tenido en diversas formas del poder detrás de todos los partidos políticos europeos en funciones de gobierno. Ninguno ha sido protagonizado por proletarios, como tampoco por nobles, sino políticos profesionales educados, asimilables perfectamente a esa clase intermedia, de amplio espectro que conocemos como burguesía, aunque se hayan pintado de todo un espectro de colores desde el rojo al azul.

BURGUESÍA Y PROLETARIADO

El tren de tercera clase, de Honoré Daumier, 1864

 

Al socialismo de extremas le gusta sobremanera hablar de proletariado, una clase social a quien dedica muchos párrafos y esfuerzos. Recordemos que proletarios son aquellos que por no poseer sus propios medios de producción, ofrecen su trabajo a cambio de un salario.

 

Pero esta definición, también de libro, es insuficiente. Porque de acuerdo con ella, un profesor universitario es un proletario del mismo modo que un obrero de la construcción, o cualquier funcionario público, hasta el mismo presidente del gobierno. ¿Por qué? Pues porque carece de medios de producción propios y debe trabajar para terceros, en este caso el Estado. Aún así, hay funcionarios que se llenan de dinero y presidentes de gobierno que se cuentan entre los más adinerados de su país. Sucede.

No, estos no pueden ser proletarios. A la definición de libro le falta, como a la de los burgueses. Regresemos al significado que se le daba en la Roma de los Césares, que fue donde nació el término proletario, es decir un individuo de la comunidad con su prole: es el ciudadano pobre, es decir carente de bienes, que sólo con su prole, es decir los suyos, su familia, podía servir al Estado. Aquí sumamos la condición de asalariado pobre con lo cual caemos en la clase obrera por asociación. Si eres asalariado pero no eres pobre, entonces no eres proletario. O sea que el proletario es un obrero que, por más que se esfuerce, no deja de ser pobre, él y su familia o prole.

El problema continúa, sin embargo, porque los romanos concebían al proletario con servidor del Estado, únicamente, como acaba de verse. Dos mil años después se ha extendido a cualquier empleador, sean las PYMES o las grandes empresas.

Ahora bien, ¿cómo encaja el proletariado  en el cuadro burgués– que en principio es su opuesto-? Mediante la relación del trabajo. El burgués no solo trabaja con sus propios medios, sino que emplea a otros para que hagan el trabajo y les paga por ello. Es lógica consecuencia de que el burgués no pueda hacer por sí solo todo el trabajo que se propone, sino que se ve en la obligación de dividirlo si su capital y propósitos así lo requieren. En cada división ha de poner gente a trabajar.  Estos a quienes paga son el proletariado, aunque no necesariamente como acabamos de ver, porque los ejecutivos asalariados de las empresas, los profesionales, incluso los empleados bien pagados, no son nada proletarios. Los sindicatos se ocupan de que sus miembros cobren un buen sueldo para ser lo menos proletarios posible.

Lo que nos queda en limpio más o menos es esto:  el burgués compra la fuerza de trabajo del proletariado o no proletariado que es clase media.

De allí que se establezca una relación burguesía-proletariado y burguesía-clase media que algunos de entre esas extremas de la izquierda perciben como un mecanismo de explotación perversa de la clase trabajadora. Por consiguiente, para una ideología como la comunista que se apoya en la lucha de clases, entendida esta contienda como la que se plantea para cambiar los paradigmas del poder y traspasarlo de una a otra (Manifiesto Comunista, Carl Marx), se trata de cambiar las tornas de nuevo, relegando a la burguesía no solo a un segundo o tercer plano muy por detrás de la nueva clase mandante, el proletariado, sino despojándola de todo su poder económico y así asimilarla a ese mismo proletariado que ejerce sobre el país su nuevo gobierno: la dictadura del proletariado. En ella el nuevo empleador no es un grupo social per se, como antes lo era la burguesía, sino el Estado como gran propietario y velador de los intereses de los trabajadores.

Al desaparecer los burgueses propietarios en este sistema, los medios de producción pasan a ser propiedad conjunta de todos los trabajadores cuando no son del Estado. Ahora trabajan para sí mismos con medios de producción que pertenecen a todos a partes iguales. Es una nueva forma de burguesía si se quiere que incluye a todos, con la diferencia de que no hay asalariados y por lo tanto no habrá explotación. Al menos en teoría. El concepto de burguesía según el libro se desvanece porque en tal estado de cosas toda la sociedad propietaria-trabajadora adquiere la condición de pobres. Nadie puede hacerse rico en semejante sistema por lo que la burguesía efectivamente desaparece.

¿FUNCIONA LA SOCIEDAD CARENTE DE BURGUESÍA?

Este modelo que signó la revolución bolchevique, tampoco funcionó. Sesenta años más tarde se desplomaba bajo el peso de sus numerosos fracasos para llevar felicidad al pueblo ruso, siendo sustituida hoy en día por una creciente burguesía de riqueza nunca vista antes en la Rusia de los zares fuera de su reducidísima (numéricamente) clase nobiliaria.

China tardó  más tiempo en llegar al mismo punto salvo que lo ha hecho con gran habilidad mediante la evolución progresiva de sus estructuras económicas conservando de todas formas el poder absoluto no democrático. La China de hoy conoce una burguesía en franca expansión, propietaria de sus medios de producción en empresas, desde pequeñas a gigantescas, que emplea a enormes contingentes de obreros y trabajadores de toda índole, desde simples obreros hasta PhDs. Hay más de un millón de residentes chinos que son millonarios, y unos 360 millones viven con el holgado modelo de consumo burgués de los estadounidenses.

Concluimos de estos hechos que la burguesía tiene rasgos de Ave Fénix, encuentra siempre la manera de renacer de sus cenizas y prevalecer sin importar la magnitud de la catástrofe que la ha incinerado hasta sus últimas plumas.

LA BURGUESÍA Y EL PRÓXIMO FUTURO.

Hoy somos testigos de una crisis financiera que amenaza la zona euro y por rebote a Norte América, y de allí al resto. Algunos creen ver que la égida del poder burgués signado por el capital está llegando a su fin, para darle paso al tan esperado socialismo comunista o alguna forma menos severa de éste. Líderes de la izquierda latinoamericana ven en ello su oportunidad llegada, así como varios enemigos jurados del llamado imperialismo norteamericano como Irán (aunque olvidan el imperialismo chino a quien se asocian ansiosamente).

Pero es probable que vuelvan a equivocarse. El primer síntoma de tal error de apreciación es el giro hacia la derecha, más acorde con el ideario liberal-burgués que el centro izquierda, al que se inclina el voto europeo en estos últimos dos años. Todos los gobiernos socialistas salvo uno, han caído a favor de los de centro derecha, incluyendo el español en los comicios del 20 N. El pueblo ve con más confianza a los poderes económicos para salir de la crisis que a los poderes sociales pese al castigo que están sufriendo los trabajadores. Es fenómeno muy curioso que merece detenido estudio.

La crisis es profunda, pero obedece a una suma de errores, a veces increíblemente tontos, otros calculados por poderes que podríamos calificar de ocultos y hasta perversos de profundo egoísmo, otros más por simple desidia o falta de coraje político. En el terremoto social que están causando tantas torpezas, deberán emerger nuevas fórmulas muy pronto entre las que seguramente, gústenos o no, volverá a salir triunfante la burguesía.

Lo que deberíamos procurar hacer es modelar nuevos paradigmas más dignos, más equilibrados, más generosos, para esa nueva burguesía que frene sus excesos históricos.

Menriq, 2 de Diciembre, 2011